
Hace unos años, sonar sofisticado en una conversación de inversión era sencillo: bastaba con decir «asset light». Escalabilidad, márgenes, software, plataformas digitales… y una narrativa impecable: crecer sin comprometer demasiado capital. Hoy, sin embargo, vivimos un giro silencioso pero profundo: vuelve el capital intensity. No como una moda pasajera, sino como consecuencia lógica de tres fuerzas que han convergido simultáneamente: electrificación acelerada, política industrial activa y fragmentación geopolítica.
¿Qué significa que «vuelva» el capital intensity?
Capital intensity es, en esencia, la inversión necesaria para crecer: cuánto CAPEX hace falta para sostener o ampliar capacidad —productiva, energética, logística, digital—. Cuando este ratio sube, el juego cambia: las empresas no solo compiten por clientes, sino por capital, permisos, materiales, mano de obra especializada y acceso a la red.
Las pruebas de que el mundo ha entrado en un megaciclo inversor son ya tangibles. La AIE (Agencia Internacional de la Energía) indica que la inversión energética global se encuentra en niveles históricamente elevados, con la seguridad energética y las políticas públicas redirigiendo capital hacia electricidad, redes, minerales críticos y tecnologías de transición. BloombergNEF, por su parte, sitúa la inversión en transición energética en un récord en 2025, reforzando la idea de que el CAPEX «duro» ha recuperado protagonismo.
La electricidad —y la red— como cuello de botella
Si tuviera que identificar un solo motor del capital intensity de esta década, sería la Age of Electricity. La AIE advierte que la demanda eléctrica global crecerá con fuerza hasta 2030 y que ello exige una expansión acelerada de redes y mayor flexibilidad del sistema. Y aquí está la parte que encuentro más reveladora: durante años nos hemos centrado en construir capacidad de generación, como pasó con el auge de las renovables; sin embargo, ahora el problema es, cada vez más, conectar.
Los análisis sectoriales apuntan a que la inversión en redes debe aumentar significativamente para ponerse al día con la electrificación, las renovables y los nuevos grandes consumidores —centros de datos, inteligencia artificial—. En paralelo, S&P Global Research proyecta un ciclo de CAPEX muy intenso en utilities en Estados Unidos, motivado por la modernización de redes, nueva generación y demanda adicional.
La traducción para el inversor es directa: donde exista un cuello de botella estructural y un regulador dispuesto a permitir la recuperación de costes, hay terreno fértil para retornos relativamente estables. Pero también puede serlo de conflictos de aceptación social, bloqueos regulatorios y tensión política sobre tarifas. El activo y el riesgo son inseparables.
«Infraestructura» ya no significa solo carreteras
McKinsey lo enmarca con claridad: estamos ante un infrastructure moment, con una expansión del concepto que abarca redes eléctricas, centros de datos, conectividad, carga de vehículos y servicios de operación y mantenimiento. La firma estima necesidades de inversión acumuladas de enorme magnitud a largo plazo, con energía y la infraestructura digital como verticales clave.
Este proceso no es independiente de la geopolítica. La fragmentación y el retorno de la política industrial están empujando a duplicar capacidades consideradas estratégicas —semiconductores, defensa, energía, cadenas de suministro—, lo que es, por definición, intensivo en capital. El FMI (Fondo Monetario Internacional) advierte que las políticas industriales se han multiplicado y que, aunque pueden generar beneficios, implican costes fiscales y efectos colaterales, incluida mayor fragmentación. El BIS (Banco de Pagos Internacionales), por su parte, apunta a un mundo más incierto, con implicaciones directas sobre la estabilidad financiera —lo que es otra forma de decir que el coste de capital vuelve a importar, y mucho.
Implicaciones prácticas: lo que de verdad cambia el Excel
Esta es la parte que, como analista, encuentro más útil. El capital intensity elevado no es solo un dato macroeconómico; reescribe las reglas del análisis.
- El WACC vuelve a ser una variable estratégica: En proyectos con CAPEX intensivo, pequeñas variaciones en el coste de financiación, en los plazos o en los permisos pueden acabar con la TIR. En un entorno de mayor volatilidad y fragmentación, esa sensibilidad se amplifica.
- La ventaja competitiva se desplaza hacia la ejecución, y gana quien tiene capacidad real de construir: Permisos, cadena de suministro, contratistas, acceso a la red, relaciones regulatorias, etc. Esto aplica tanto a utilities como a infraestructura digital.
- El mix de retorno pivota hacia la ingeniería de flujos de caja: En sectores capital intensive, el retorno depende en gran medida de la estructura contractual —PPAs, regulated asset base, tolling—, la indexación y la disciplina de mantenimiento. De ahí el renovado interés institucional por infraestructura como activo core.
- Los ganadores no son sectores: son modelos de negocio: Bain y S&P sugieren que utilities y sectores ligados a energía y recursos naturales protagonizan un ciclo de CAPEX relevante, pero el retorno no será homogéneo. Diferirá por región, marco regulatorio, capacidad de repercutir costes y calidad de los proyectos subyacentes.
Conclusión
Si me hubieran preguntado hace cinco años qué empresas dominarían esta década, probablemente habría respondido con una lista de nombres asset light. Sin renegar de esa tesis, creo que la pregunta relevante ha cambiado: ¿quién puede construir y operar lo que el mundo necesita físicamente? Redes, energía firme, minerales críticos, centros de datos, infraestructura esencial.
El renacer del capital intensity no anuncia la desaparición de la economía digital; anuncia que esa economía digital —y la transición energética— requieren una base material enorme. Para el inversor, eso implica mirar con otros ojos: más atención al coste de capital, al riesgo regulatorio y a la capacidad de ejecución; menos fe ciega en que «la demanda estructural» es suficiente por sí sola.
Porque en esta década, la ventaja no estará siempre en tener la mejor idea. Estará en financiarla, construirla y conectarla a tiempo.
Autora: Cristina Diezma. M&A Senior Analyst en Repsol & Presidenta del Club Argent – Jóvenes Talentos
Fuentes (selección):
- IEA – World Energy Investment 2025 (2025). World Energy Investment 2025 – IEA
- IEA – News Electricity 2026 (6 Feb 2026): demanda y necesidad de redes/flexibilidad. IEA news
- IEA – Grid investments (11 Jun 2025). IEA report
- S&P Global Research – Utility capex > $1T (3 Apr 2025). S&P Global
- McKinsey – The infrastructure moment (Sep 2025). McKinsey
- IMF – Industrial Policies: Handle with Care (Mar 2025). IMF
- BIS – Annual Economic Report 2025 (Jun 2025). BIS
- BloombergNEF – Energy Transition Investment Trends 2026 (web summary). BNEF
- Bain – Energy capex outlook infographic (2025). Bain
- Goldman Sachs AM – Infrastructure themes (Apr 2025). GSAM

